En nueve de cada diez conversaciones de café sobre la innovación en España surgen las palabras de Don Miguel de Unamuno, “que inventen ellos”, como muestra de una aversión congénita de nuestra sociedad a la innovación.
Un ejemplo clásico de esta diferencia se encuentra en la bobilla eléctrica. En nuestra época escolar todos aprendimos que “Edison inventó la bombilla incandescente”, una afirmación que es totalmente falsa. La bombilla incandescente fue inventada por Warren de la Rue en 1840. Sin embargo fue Edison quien identificó los factores clave para su éxito en el mercado: duración y coste. Tras dos años de investigación centrada en la mejora de dichos factores, Edison fue capaz de lanzar, la primera lámpara exitosa al mercado en 1880. La invención había precedido en 40 años a la innovación.
Y es que, aunque estén muy relacionadas, la innovación no es lo mismo que la invención.

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